domingo, 19 de diciembre de 2010

18 de diciembre de 2010

Recuerdas que era una noche bastante normal, algo aburrida no le encuentras la razón pero así era.
Sólo te quedaban quince minutos para desaparecer y despedirte. Vas en busca de tus seres queridos a pasar esos últimos momentos del día; aún así te paran y te preguntan, buscaban en mí a la típica chica que no le importa compartir sus besos con los demás.
Intenté ser amable y decirle que tenía prisa, y lo conseguí.
Ya me quedaban diez minutos, aprovechandolos. Lo ví a él después de estar buscandolo con la mirada casi toda la noche, preguntando si sabían donde estaba. Ahí estaba mi amiga para darme ese empujoncito para hablar con él. Y es que me moría por dentro de vergüenza, esa estúpida vergúenza que te sacas lo más profundo de tus sentimentos al exterior transformandolo en coloretes. No me vio, porque estaba de espaldas... Y mis amigas me decían " eres tonta aprovecha", yo sabía que llevaban razón, pero no encontraba esa improvisación perfecta para que no se notará.
Medio minuto después viene él hacia nosotros y me dejan al lado suyo. Yo por dentro estaba con las pulsaciones revolucionadas, y a la vez seguir el hilo de lo que decía.
Me gustaba cada gesto que tenía, esos bailes, esas bromas. . . 
Por una mílesima de segundo recordé la cámara de mi amiga y lo que me dijo si lo veíamos. Así que me armé de valor y dije vamos a echarnos una foto todos. No sabía como opnerme, estaba a su lado, y de pronto noto su mano en mi cintura o más abajo, sé que no tiene importancia pero me quedé en blanco; no tenía ni idea de donde cogerle yo así que decidí cogerle de la cintura sin quelo notara tanto como yo.
Más tarde, el seguís con nosotros pero vino un amigo suyo y como que se lo llevó. Ya era la hora, me tenía que ir. Iba tranquila, contenta, dibujandose una sonrisa en cada instante. Cogí el abrigo y salía por las escaleras, acordandome de que me recogían en la puerta y al mismo tiempo que estaría dentro, pero lo ví otra vez yo en la puerta y él en lo más arriba de las escaleras, lo miré él también y no me quedó más remedio que cruzarme con él.
Deseaba pararme y despedirme como era debido pero él bajo y me dijo "adios!:)" y yo hize lo mismo. No me podía quejar. . .
Quisiera estar en su clase y poder hablar con él todo los días, y me da igual que pensara la gente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario